"Hay quienes recaen al llegar a la cima de una montaña, al terminar su obra maestra, al afeitarse sin un solo tajito; no toda recaída va de arriba abajo, porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa cuando ya no se sabe dónde se está."
Comienzo nombrando un fragmento del libro La vuelta al día en ochenta mundos de Julio Cortázar mientras doy vueltas a mi café Nespresso con la cu... ¡mierda, Sandra, esto es un bolígrafo!(...what else?).
"En fin", -continuo mientras seco el susodicho con el pantalón.
Ya lo decía Schopenhaver... "Afortunado aquel que mantenga un deseo".
No sé si compararlo con un sueño (no quieras ser también el protagonista en ellos).
Otorgémosle mejor la connotación de deseo.
Deseo humano. Insuficiente, idealizado y caduco... Pero deseo al fin y al cabo.
Y es que es más frío el silencio mientras hablas. Y más difícil apretar el rostro sobre la almohada tratando así de hacerte desaparecer un instante, aunque sea por una perdida controlada del conocimiento. Aunque no estoy segura de si quiero ahogar ese deseo o llevarlo a cabo de una maldita vez.
Pero qué eres tú más que un vago recuerdo idealizado... (Déjame, intento verlo así. Es más sencillo.)
Quizá deba seguir el consejo de Schopenhaver y mantenerlo(te) quieto. Sin moverse. Sin alimentarlo... Sin provocarlo (aunque sea tremendamente divertido) y huir a mi Nirvana particular...
Aunque desconfiemos de nuestra naturaleza humana de experimentar el kaos.
Caeremos. Porque será bonito. Siempre lo es al principio.
Aunque siendo nosotros...Qué puedo decir. Tal vez tengamos "suerte"...
Nota mental: La próxima vez, nada de bolígrafos próximos a mi café.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarSe me olvidó mencionar que la aliteración de "aunque" no es una falta de recursos lingüísticos, sino de un chiste privado. "Siempre hubo muchos aunques..."
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